Modelar un monumento podemos modelarlo. Incluso podemos hacerlo con una precisión obscena, piedra a piedra y hasta que el ordenador pida auxilio. Hasta nos suena el concepto de HBIM (Heritage BIM), pero…
¿Qué hace una administración pública con ese modelo? ¿Cómo decide qué información necesita? ¿Cómo consigue que cuarenta equipos diferentes entreguen algo comparable? ¿Y cómo evita que dentro de unos años aquello sea simplemente otro archivo precioso que nadie sabe utilizar?
Porque implantar BIM en una administración no consiste en enseñarle a modelar.
Consiste en aprender a pedir, revisar, gestionar y conservar información.
Bienvenido al episodio 213 de BIMrras!
BIMrras es el Primer Podcast Colaborativo sobre BIM en español ¡El PODCAST sobre BIM que Chuck Norris no se atreve a escuchar! Donde 3 arquitectos BIMtrastornados discutimos sobre todo lo relacionado con el mundo del Building Information Modeling.
Dirigido a todos los profesionales que intervienen en el ciclo de vida de una edificación o infraestructura, desde las primeras ideas o intenciones, pasando por las fases de diseño, construcción y mantenimiento, hasta su desaparición.
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213 Implantando BIM en la DXPC
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De qué hablamos en este episodio: 213 Implantando BIM en la DXPC
- 0:00 Introducción
- 2:05 De digitalizar patrimonio a definir una metodología BIM
- 7:03 Qué significa implantar BIM en una administración pública
- 8:29 El origen de la implantación BIM y los fondos Next Generation
- 10:38 Diferentes estrategias de implantación en Galicia y Castilla y León
- 18:52 La guía de modelado BIM para patrimonio
- 28:40 Guía de modelado, requisitos contractuales y BEP
- 33:55 El BEP y las reuniones de coordinación
- 40:20 Nivel de conocimiento y nivel de precisión en patrimonio
- 43:08 Incorporación del conocimiento multidisciplinar al modelo
- 57:47 Clasificación de elementos patrimoniales
- 58:48 La necesidad de un sistema de clasificación específico para patrimonio
213 Implantando BIM en la DXPC
Hace unos episodios nos quejábamos de que HBIM se había convertido en una extraordinaria máquina de generar geometría. Nubes de puntos, modelos detalladísimos y una precisión capaz de representar hasta la última irregularidad de una piedra.
Hace ya unos cuantos episodios nos preguntábamos precisamente qué ocurre después de escanear, levantar y modelar el patrimonio.
Mientras tanto, el conocimiento seguía teniendo bastante menos protagonismo.
Pues resulta que en la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Xunta de Galicia alguien decidió abordar el problema desde el otro extremo.
En lugar de empezar preguntando cómo modelar un monumento, empezaron definiendo qué necesitaba recibir la administración. Después llegaron la formación, los proyectos piloto, los requisitos, las guías y un proceso de varios años para convertir una obligación inicial en una metodología de trabajo.
Para hablar de ello nos acompañan Antonio Tort y José Emilio Nogués, responsables de esa implantación BIM.
Cuando Europa te manda BIM con fecha de entrega
La historia no empieza con un sofisticado plan estratégico.
Empieza con dinero europeo y una obligación.
Los fondos Next Generation llegaron acompañados de proyectos que debían completarse en un plazo muy reducido y, además, redactarse en BIM. Las administraciones tenían que contratar los proyectos, aprobarlos, contratar las obras y ejecutarlas en menos de dos años.
Y alguien pensó que quizá BIM pudiera ayudar.
Primera mala noticia: implantar BIM desde cero en 18 o 20 meses no es precisamente pulsar un botón.
La relación entre Administración y BIM lleva años dando para episodios y ya hace tiempo que nos preguntábamos si la Administración tenía herramientas para exigir proyectos BIM y, sobre todo, qué demonios significaba realmente hacerlo.
Galicia decidió utilizar proyectos relativamente sencillos y comenzar desde el principio. Además, entendió que la administración tenía que asumir el liderazgo de la implantación.
Porque aquí aparece una diferencia fundamental.
La administración normalmente no modela.
Exige el modelo, lo revisa, lo aprueba y después se lo queda.
Por lo tanto, su trabajo consiste en saber qué necesita, cómo debe pedirlo y cómo comprobar que lo recibido servirá durante los próximos años.
Eso cambia bastante el significado de «implantar BIM».
El BIM Manager también puede ser funcionario
Uno de los problemas habituales de cualquier implantación es la resistencia interna. En una administración, además, la actividad normal no desaparece mientras aprendes una nueva metodología.
Los proyectos siguen llegando. Las certificaciones hay que revisarlas. Los expedientes continúan circulando.
Y encima ahora tienes BIM.
La Dirección General tomó una decisión importante: sus propios técnicos debían asumir la gestión BIM. Por eso, la implantación comenzó también con formación.
El objetivo no era convertirlos en modeladores. Era conseguir que pudieran supervisar modelos, revisar información y coordinar los procesos que estaban exigiendo a los adjudicatarios.
El miedo inicial fue desapareciendo a medida que los técnicos comprobaron que podían hacerlo. Además, los proyectos piloto contaron con equipos adjudicatarios que entendieron BIM como una oportunidad y no únicamente como otro requisito administrativo caído del cielo.
Eso ayudó.
Porque una implantación resulta bastante más sencilla cuando quienes tienen que utilizarla quieren que funcione.
Una guía para ayudar, no para castigar
Después llegó una pregunta bastante razonable.
Si vas a pedir a los equipos que trabajen de determinada manera, ¿cómo les explicas exactamente qué esperas de ellos?
Así nace la guía.
El objetivo no era añadir otra barrera a los especialistas en patrimonio. Precisamente ocurría lo contrario. Los buenos profesionales de restauración no tenían por qué ser también expertos BIM.
Por lo tanto, si la administración añadía BIM como un segundo filtro, podía terminar reduciendo todavía más el número de equipos capaces de afrontar los proyectos.
La solución fue facilitarles el camino.
La guía debía servir para entender qué esperaba recibir la Dirección General y cómo podía conseguirse. Además, debía funcionar con diferentes herramientas.
La primera referencia procedía de una guía orientada a Archicad. Sin embargo, una administración no podía decir que quienes utilizaran Revit, Allplan u otra herramienta se quedaban fuera.
El destino debía ser común aunque los caminos fueran diferentes.
Eso convierte la guía en algo mucho más interesante que un manual de software.
Y conecta directamente con algo que ya hemos discutido en BIMrras: modelar patrimonio obliga a compartir reglas y estrategias incluso cuando las herramientas no fueron diseñadas pensando precisamente en bóvedas centenarias, sillares deformados y demás alegrías.
Una guía que cambia porque la realidad tiene esa mala costumbre
La guía tampoco apareció terminada sobre unas tablas de piedra.
Fue evolucionando.
Durante varios años se incorporaron instrucciones, se modificaron criterios y, algo todavía más interesante, se simplificaron determinadas partes.
Los equipos adjudicatarios participaron en ese proceso. Redactores y constructoras aportaron feedback sobre aquello que funcionaba, lo que limitaba demasiado su trabajo y los problemas que aparecían al aplicar la documentación a proyectos reales.
Incluso se mantenían reuniones específicas para mejorar las guías.
Por lo tanto, el documento fue pasando de planteamientos más conceptuales a soluciones cada vez más operativas.
Y eso plantea una idea incómoda para quienes disfrutan redactando documentos inmutables: quizá una buena guía no sea la que consigue prever absolutamente todo.
Quizá sea la que sabe cambiar cuando descubre que algo no funciona.
Especialmente cuando pretendes aplicarla a patrimonio, donde cada edificio tiene la desagradable costumbre de ser diferente del anterior.
La guía no es el pliego
Hay otra distinción importante.
La guía ayuda.
El pliego exige.
El adjudicatario debe cumplir los requisitos establecidos contractualmente y el BEP explica cómo propone hacerlo en un proyecto concreto.
Parece una diferencia menor hasta que empezamos a tratar una guía como si hubiera descendido de los cielos acompañada de dos tablas de piedra.
En BIM conocemos bastante bien el fenómeno.
«Esto tiene que hacerse así porque lo dice la guía».
O porque lo dice una ISO.
O porque alguien escribió un PDF hace ocho años.
Sin embargo, el proyecto de patrimonio introduce además otra dificultad. Lo que parece una recomendación puede terminar funcionando en la práctica casi como una obligación.
Por eso resulta especialmente importante separar qué pertenece a las reglas generales, qué debe exigirse contractualmente y qué necesita adaptarse a las particularidades de cada intervención.
Porque no es lo mismo intervenir en un cruceiro que en la muralla de Lugo.
Y menos mal.
El BEP sirve para algo. Quién lo iba a decir
Entonces aparece el BEP.
No como el documento que se redacta al principio, se guarda en una carpeta y se vuelve a abrir cuando alguien pregunta dónde estaba escrita determinada nomenclatura.
Aquí tiene otra función.
El adjudicatario explica mediante el BEP cómo va a cumplir los requisitos del proyecto. Al mismo tiempo, los BIM Managers de la administración lo utilizan para comprender cómo se ha modelado, cómo está estructurada la información y cómo se organizan los distintos modelos.
Es precisamente la diferencia que analizamos en nuestro episodio sobre el BEP/PEB: el BEP puede explicar cómo vamos a trabajar, pero no debería utilizarse para inventar aquello que el cliente nunca llegó a definir.
Además, el BEP se actualiza.
Para conseguirlo se incorporan reuniones periódicas de coordinación BIM. En ellas se comprueba si han aparecido nuevos agentes, si siguen cumpliéndose los objetivos definidos, si ha cambiado la federación de modelos o si se mantienen los plazos.
Es decir, alguien comprueba durante el proyecto si BIM está sirviendo para aquello para lo que se decidió utilizar.
Revolucionario.
Porque esperar 18 meses para descubrir que no has conseguido el objetivo tiene una ventaja indiscutible: ya no necesitas una reunión de coordinación.
Necesitas una excusa.
No puedes modelar la muralla de Lugo piedra a piedra
El patrimonio también destroza rápidamente cualquier receta universal sobre nivel de detalle.
En Santa Eulalia de Bóveda se llegó a modelar piedra a piedra. El tamaño y las características del elemento permitían que cada piedra tuviera relevancia propia.
Intentar aplicar el mismo criterio a la muralla de Lugo o a una catedral sería otra historia.
Por eso el modelo necesita responder a los objetivos concretos del proyecto.
La cuestión no es nueva. En BIMrras hemos hablado precisamente de asociar información al objeto patrimonial y utilizarla para gestionar el bien cultural, en lugar de convertir el modelado en un fin en sí mismo.
Además, cuando cambia la forma de modelar, la administración necesita saberlo. De lo contrario puede recibir un modelo perfectamente construido y no saber dónde encontrar la información.
Ahí vuelve a aparecer el BEP.
No como literatura BIM, sino como manual para entender qué demonios tienes delante.
Quizá ese sea uno de los mejores indicadores para distinguir un documento útil de uno burocrático.
Que alguien lo consulte porque lo necesita.
Cuando patrimonio no cabe en la clasificación
Y entonces llegamos a otro pequeño detalle: clasificar patrimonio.
Sobre el papel parece sencillo. Escoges un sistema de clasificación y asunto resuelto.
Hasta que necesitas clasificar un retablo.
O determinados elementos que sencillamente no aparecen en el sistema utilizado.
Los problemas de clasificación tampoco son patrimonio exclusivo del patrimonio, lo comentamos cuando hablamos de la falta de estandarización de categorías y conceptos y de lo rápido que un modelo puede convertirse en un monstruo ingobernable.
La Dirección General detectó esa carencia e inició el trabajo para desarrollar una clasificación propia partiendo del sistema empleado en la guía. Sin embargo, el problema creció rápidamente.
Porque no basta con clasificar elementos constructivos.
También puedes necesitar clasificar lesiones.
Y entonces aparecen líquenes, fisuras, degradaciones de la piedra y una colección de fenómenos que convierten rápidamente una tabla aparentemente sencilla en un monstruo.
El trabajo terminó siendo mucho mayor de lo previsto y otras prioridades pasaron por delante.
Y quizá ahí haya otra lección interesante de esta implantación.
Detectar un problema no obliga a fingir que ya tienes la solución.
A veces puedes escribir simplemente:
Pendiente.
Conclusión
Implantar BIM en una administración pública no consiste en comprar software ni en exigir modelos porque Europa ha puesto BIM en una condición.
Tampoco consiste en redactar una guía y considerar terminado el trabajo.
En este caso, la implantación pasa por formar a los técnicos de la propia administración, definir objetivos, aprender a contratar BIM, ayudar a los adjudicatarios, revisar los modelos, mantener reuniones de coordinación y modificar la documentación cuando la experiencia demuestra que hace falta.
Además, patrimonio introduce una dificultad extra: el edificio siempre tiene la última palabra.
Puedes definir procesos, clasificaciones y requisitos. Después levantas un pavimento, picas un revestimiento o empiezas a estudiar una piedra y aparece información que nadie había previsto.
Por eso quizá la diferencia entre digitalizar patrimonio y gestionar realmente su información no esté en conseguir el modelo más preciso.
Está en construir un proceso capaz de seguir siendo útil cuando el modelo cambia.
Recursos citados en el episodio
- Guía de Modelado BIM de la Dirección Xeral de Patrimonio Cultural. Documento desarrollado para ayudar a los equipos a entender qué información espera recibir la Dirección General y cómo estructurarla.
- BEP / Plan de Ejecución BIM. Documento mediante el que el adjudicatario explica cómo propone cumplir los requisitos y que permite a la administración comprender la estructura de los modelos y la información.
- EIR / Requisitos de información. Requisitos de información del cliente citados al hablar de los objetivos y condiciones que deben comprobarse durante el proyecto.
- IFC / Industry Foundation Classes. Estándar abierto de intercambio de información BIM mencionado en la guía y en relación con la exportación de los modelos.
- Archicad. Herramienta sobre la que estaba orientada originalmente la guía utilizada como documento matriz.
- Revit. Software incorporado posteriormente a las instrucciones de la guía.
- Allplan. Herramienta mencionada al hablar de la necesidad de trabajar con diferentes plataformas.
- Blender. Software citado como ejemplo al explicar que el resultado requerido debe poder alcanzarse desde herramientas diferentes.
- Diccionario visual de la Construcción. Referencia mencionada al debatir posibles bases para clasificar elementos patrimoniales.
- Proyecto COREMANS: criterios de intervención en materiales pétreos. Documento del Ministerio de Cultura utilizado durante la conversación como ejemplo de guía de intervención en patrimonio.
- Guía de Cor e Materiais de Galicia. Guía citada como ejemplo al debatir cómo determinados documentos denominados «guías» pueden terminar funcionando como exigencias en la práctica.
- Fondos Next Generation EU. Fondos europeos vinculados al origen de la exigencia que desencadena el proceso de implantación BIM descrito durante el episodio.
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